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Memoria y compromiso con la Vega: encuentro con Paquito el Poleo y Teresa Fernández, premios Amigos de la Vega 2026

La Vega de Granada se construye desde muchas miradas. Algunas nacen de la experiencia directa del campo; otras, de la conciencia social y la búsqueda de alternativas. En este encuentro reunimos a Francisco Ávila González, conocido como Paquito el Poleo, y a Teresa María Fernández Herrera, dos trayectorias distintas unidas por una misma idea: la necesidad de cuidar y defender el territorio.

En el caso de Paquito el Poleo, la relación con la Vega es inseparable de su propia biografía. Nacido en 1937 en el seno de una familia humilde, comenzó a trabajar en el campo con tan solo siete años. A los once entró en una fábrica de chacinas, donde permaneció hasta los diecisiete, antes de volver a alternar el campo con la construcción. Desde los años ochenta promovió actividades culturales junto a la juventud de la época y, posteriormente, como concejal de cultura en el Ayuntamiento de Maracena, impulsando talleres y espacios que dinamizaron la vida cultural del municipio.

Sería en la construcción donde desarrollaría una gran destreza en la albañilería, dominando múltiples técnicas que más tarde se convertirían en la base de su expresión artística.

¿Qué ha significado para ti la Vega a lo largo de tu vida?
Para mí la Vega ha sido todo. Desde muy pequeño he trabajado en ella, he aprendido de ella y me ha enseñado a vivir.

Su vínculo con el mundo agrario se prolongó también en el ámbito industrial, especialmente ligado al cultivo del tabaco y a los procesos de fermentación, cuando comenzó a trabajar en el Centro de Fermentación en 1956. Todas esas vivencias quedarían recogidas años después en su libro Un secadero en mi patio (2021), una de las muchas obras en las que ha recogido su experiencia.

La trayectoria de Teresa Fernández parte de otro lugar, pero llega a conclusiones similares. Nacida en Linares, su familia la introdujo en valores como la cooperación, la defensa de los derechos humanos, el pacifismo y el antimilitarismo.

Su llegada a Granada, motivada tanto por razones personales como por la búsqueda de nuevos horizontes, supuso el inicio de una intensa etapa de trabajo social. Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía participó en la creación de una plataforma que reunía a colectivos vinculados a la cooperación internacional, la economía alternativa, el ecologismo y los derechos humanos.

Desde esa experiencia surgiría, a finales de los años noventa, el proyecto Con*sumo Cuidado, una iniciativa pionera en consumo responsable en la ciudad.

¿Cómo nace un proyecto como Con*sumo Cuidado?

Surge de la necesidad de llevar a la práctica lo que estábamos trabajando desde la sensibilización. Queríamos ofrecer alternativas reales de consumo, coherentes con esos valores.

Así nació en 1999 Con*sumo Cuidado, un proyecto comunitario impulsado por dos jóvenes —Tere e Inés— que durante años se sostuvo sin generar apenas ingresos, pero con una fuerte base de compromiso social y ambiental. Hoy, tras más de dos décadas, se ha consolidado como un referente en Granada, contribuyendo a iniciativas como el Ecomercado o la Red Agroecológica.

Tienda Con*sumo Cuidado
Paquito el Poleo

La Vega también ha sido una fuente constante de inspiración artística. La pintura, la poesía, el teatro o la fotografía son ejemplos cotidianos en nuestra comarca. En el caso de Paquito, su paso por la construcción no solo fue un medio de vida, sino también el origen de una vocación artística. A partir de los conocimientos adquiridos, desarrolló esculturas con chinos y relieves en arcilla refractaria, además de otras piezas que reflejan escenas populares y cotidianas.

Entre sus obras más destacadas se encuentra el gran mural de la Plaza de la Constitución de Maracena, compuesto por más de 300 piezas de barro cocido, en el que se representa una escena tradicional con un personaje popular rodeado de niños, con la antigua placeta de “Misa” como telón de fondo.

¿Por qué esa necesidad de crear y contar lo vivido?

Porque lo que uno ha vivido hay que transmitirlo. La gente joven tiene que conocer cómo era la vida antes.

Esa voluntad de preservar la memoria también se refleja en su extensa obra escrita, con títulos como La Maracena de mi infancia, La niña grande o ¿Tú dónde naciste?, que constituyen un valioso testimonio de la historia local.

¿Qué es lo que más os preocupa a día de hoy?
Para Paquito, la transformación del paisaje es evidente: cada vez hay menos campo y se pierden formas de vida ligadas a la tierra.

Para Teresa, la clave está en el modelo: Está en juego la forma en la que producimos y consumimos, y eso afecta directamente al territorio.

Proyectos como Con*sumo Cuidado han demostrado que es posible construir alternativas viables, conectando a productores agroecológicos, consumidores y redes sociales comprometidas.

¿Por qué merece la pena defender la Vega?
Porque forma parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de nuestra manera de vivir, comenta Paquito.

Pero también porque representa una oportunidad para construir un futuro más justo y sostenible, añade Teresa.

¿Qué significa para ti que se reconozca tu labor con el premio Amigos de la Vega 2026?

Me llena de orgullo y me anima a continuar en este camino de promoción y puesta en valor de nuestra comarca, se gratifica Teresa.

Para un hombre como yo, que he dedicado toda mi obra a fomentar la cultura del pueblo en las distintas etapas de mi vida, este premio llega como una luz de esperanza en un momento de reflexión de todo un pasado, dice Paquito orgulloso.

Las voces de Teresa y Paquito, aunque nacidas en contextos distintos, se complementan y se refuerzan. Una aporta la memoria de lo vivido; la otra, la construcción de alternativas para el presente.

Juntos nos recuerdan que la Vega no es solo un territorio que proteger, sino un espacio desde el que repensar cómo queremos vivir.

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